




La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) considera en uno de sus últimos informes que la bioeconomía se perfila como una de las mejores opciones para dotar de valor añadido a los productos y servicios y, por lo tanto, para competir globalmente.
Más cercano, un reciente informe de la patronal vasca, Confebask, situaba a las biociencias como uno de los sectores que mejor están resistiendo a la crisis. Que este sector esté en posición de sobrevivir para seguir creciendo ha sido posible precisamente gracias a la velocidad y a la solidez con la que se ha generado. La decidida apuesta por la I+D y la innovación por una parte, y por las biociencias por otra, ha permitido generar en siete años un biocluster diversificado, competitivo en nichos atractivos con un mercado global, y con peso real en la economía vasca, aunque su tamaño sea modesto aún.
Los años de bonanza económica se han combinado con un cierto sentido de urgencia, e incluso de trascendencia, para acelerar el crecimiento de un nuevo sector que contribuya a mantener el peso de la industria en nuestro tejido. Porque lo más relevante de las biociencias no son los números de empresas (más de 70), volumen de negocio (más de 300 millones) o empleos (más de 3.000 entre directos e indirectos) sino, sobre todo, sus conexiones con otros sectores que denominamos tradicionales.
Las bioempresas desarrollan productos, procesos o servicios que son utilizados por los sistemas sanitarios, empresas farmacéuticas, industria alimentaria y servicios relacionados, sector agropecuario (ganadería, forestal veterinaria, etc.), industria química, cosmética, textil, energética, medioambiental y un largo etcétera. Esos productos, procesos o servicios permiten mantener la competitividad, o incluso aumentarla, a sectores cuyo peso económico en el País Vasco ronda el 25% del PIB.
Y qué decir de la demanda que ejercen sobre proveedores, o las nuevas oportunidades de negocio que están en el origen de la diversificación ya iniciada por algunas empresas y grupos industriales.
Así, el País Vasco está bien posicionado para hacer de este sector uno más de los elementos tractores de su economía. Ahora bien, Roma no se construyó en un día ni una biorregión en una década. Baste sólo con mirar el esfuerzo sostenido de países como Inglaterra, Suecia o, por supuesto, Estados Unidos. Esa constancia, planificación, eficiencia y eficacia es el rasero con el que debemos medirnos. Y como decía Picasso, “la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. En ello estamos…


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