




Uno de los hechos más claramente establecidos por la biología moderna es que la vida es competitiva. Pero también es igualmente cierto que todas las especies, incluyendo la humana, sobreviven gracias a la cooperación.
Carl Sagan, que habría cumplido 75 años el pasado Noviembre, lo resumió de la siguiente manera: "La inclinación a cooperar es un hecho dolorosamente conseguido a través del proceso evolutivo. Los organismos que no cooperaron, que no trabajaron codo con codo, acabaron por extinguirse. La cooperación está codificada en los genes de los supervivientes".
Por su parte, las ciencias sociales reconocen dos tipos de cooperación, amigable y hostil. Se produce cooperación amigable, por ejemplo, entre los miembros de una red, consorcio o grupo de investigación cuando juntos pueden alcanzar objetivos que por separado no conseguirían. El mundo empresarial tampoco es ajeno a la cooperación amigable. En biociencias es evidente la cooperación vertical en la cadena de valor biofarmacéutica, donde cada eslabón cumple una función y refuerza la existencia de las restantes, y también existen ejemplos de cooperación horizontal entre bioempresas, muchas veces start- ups (jóvenes y con menos músculo financiero que empresas consolidadas, pero siempre intensivas en I+D), que desarrollan tales estrategias para sobrevivir y crecer.
Pero quizás resulte más interesante, sobre todo porque podría parecer paradójica, la llamada cooperación hostil, que se produce entre competidores. Y existe cooperación por la sencilla razón de que la recompensa es superior a la ganancia que cada elemento individual obtendría. Los miembros de un cluster o un conjunto de agentes científico-tecnológicos, establecen alianzas para ser más fuertes o simplemente para ganar un espacio propio dentro de un entorno con otros ocupantes.
En el País Vasco, un lugar con tradición asociacionista y cooperativa, y demostrada experiencia en clustering, el desarrollo de las biociencias también se asienta sobre experiencias de cooperación, de muy diferente naturaleza. Podemos citar los Centros de Investigación Cooperativa, el biobanco (nodal) del entorno sanitario, o los proyectos de I+D en colaboración -tanto entre agentes científico-tecnológicos y empresas como entre firmas -bien competidoras, bien componentes de alguna cadena de valor concreta-.
Esta edición del Newsletter contiene numerosos ejemplos típicos de cooperación en proyectos de I+D, con participación de diversos centros y diferentes países (regeneración hepática, marcadores de melanoma, autismo, etc.), o con convergencia tecnológica (nanobiosensor). Pero también informa sobre consorcios público-privados para avanzar en I+D (proyecto CeyeC), acuerdos entre empresas farmacéuticas (Faes Farma y Pfizer) o biotecnológicas (Progenika y AMT), y coinversiones para financiar el crecimiento empresarial (Histocell, OWL Genomics).
Y sin embargo, a pesar de la ganancia diferencial a través de la cooperación, resulta evidente que hay margen (y necesidad) de mejora. A todos los niveles. Según la Unión Europea, coordinación y cooperación son las claves para incrementar la competitividad europea, frente a otras regiones mundiales, y en ámbitos multi- e interdisciplinares como las ciencias de la vida.
No faltan las recetas para profundizar en la cooperación y seguramente existe un consenso básico sobre los mínimos necesarios: aceptación de la ventaja adicional que proporciona y, por supuesto, el deseo o la necesidad. Pero para que la cooperación sea real y efectiva, además hay que poner los medios en la práctica.
Cuando los individuos u organizaciones han vencido las barreras internas hacia la cooperación, debe existir un entorno o un marco favorable para permitir esa cooperación. Siendo múltiples los factores que intervienen en ese marco, dos destacan en particular: la financiación de las actividades colaborativas, que implican a organizaciones diversas con objetivos diferentes, y los aspectos normativos y regulatorios, que deben facilitar o incluso determinar la correcta explotación de los resultados de esa cooperación.
Y la única explotación correcta es aquella que proporciona ganancia a todos los integrantes. De lo contrario, los genes que codifican para la cooperación serán silenciados.


AVISO LEGAL
El presente boletín informativo es propiedad de la Sociedad para la Promoción y Reconversión Industrial, S.A. (SPRI, S.A.), inscrita en el Registro Mercantil de Álava, tomo 256, libro 182, secc. 3ª folio 88, hoja 1.614 inscripción 1ª, con CIF número A01021237 y domicilio social en Duque de Wellington, nº 2 - 01010 Vitoria-Gasteiz.